miércoles, 15 de abril de 2009

¿PUEDE SOBREVIVIR EL CAPITALISMO?

No hay respuestas puramente económicas.

 El capitalismo es un modo de producción-formación económico-social (Marx), pero también es una civilización (Schumpleter). 
La respuesta es predominantemente política, depende sobre todo de la presencia de los sepultureros: “la salida dependerá de los detalles de la lucha organizada actual” La crisis no es sólo económica; se trata de una “crisis de todo el organismo social moderno y de la misma conciencia” En este sentido, es interesante observar el tratamiento que Marx da al tema de la caída de la tasa de beneficio como uno de los indicadores claves sobre la crisis del capital: señala la tendencia correspondiente a largos períodos de tiempo, pero también presenta las “causas que contrarrestan la ley”; y esas causas “engloban precisamente elementos de naturaleza ‘subjetiva’ y social” . 

Podemos ampliar esta visión y señalar que también la lucha para definir la orientación del desenlace de la crisis se decide en el campo de los elementos “de naturaleza ‘subjetiva’ y social”. 
Una visión integral permite analizar dos procesos paradójicos: el capitalismo tiene alta capacidad de readecuación (Braudel); pero cada ciclo de prosperidad crea condiciones en las que el capitalismo sobrevive cada vez en mayores dificultades (Schumpeter). 

La crisis financiera está en pleno desarrollo: estallarán nuevas burbujas, como en el caso de las tarjetas de crédito; caerán nuevos bancos y entidades financieras; todavía el monto de capital basura que debe quemarse es alto. Pero el capitalismo buscará salidas. 
La primera línea de reflexión se centra en la capacidad del capitalismo para conquistar nuevas zonas de explotación y acumulación: aparece ante todo el lado rapiñador del capital. 
Este lado fenoménico es correcto, siempre que no regresemos a las viejas teorías de la subordinación de la producción al consumo, o de los límites estructurales del capitalismo en el empobrecimiento de la población y en la incapacidad de consumo como punto de partida de la crisis (crisis de subconsumo). 

Esta línea se presenta en la descripción de la crisis dentro de la cadena de la crisis hipotecaria: la incapacidad de pago de los préstamos hipotecarios por los usuarios como el inicio del estallido de la burbuja financiera. 
El punto de partida está, no en el subconsumo, sino en la sobreproducción y la sobrevalorización especulativa del capital: en el campo del valor del cambio y no directamente del valor de uso; como resultado del propio proceso de reproducción ampliada del capital y no como un elemento introyectado. “Esa ampliación de la producción, sin una ampliación correspondiente del consumo concuerda con la misión histórica del capitalismo y con su estructura social específica: la primera consiste en el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad; la segunda excluye la utilización de esas conquistas técnicas por parte de la masa de la población.” 

Lo que coloca el análisis de la crisis en el estudio de las contradicciones del capitalismo, empezando por “la contradicciónentre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación.” En la fase actual, cuando estamos ante la paradoja de que el desarrollo de las fuerzas productivas ha creado las condiciones para superar el campo de la escasez y sentar las bases para que humanidad sea sujeto de su propia historia; esta potencialidad choca con fronteras estructurales tanto por el lado de la naturaleza y el planeta, como por el lado de la sociedad y el individuo; por lo cual la contradicción entre “el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación”, empieza a desembocar en una crisis sistémica. 

La capacidad de readecuación se opera por un triple desplazamiento del capital dominante. El paso a nuevas zonas de valorización del capital: una vez agotada la zona de la “economía punto com” con la crisis del 2001, el capital se desplaza a la zona de los préstamos hipotecarios y los derivados, la misma que también estalla a partir de junio del 2007, por lo cual busca desplazarse a una nueva zona en torno al capital rentista para explotar los “conmodities” y los recursos naturales, empezando por el petróleo, que logra su cota más alta el 4 de julio del 2008 con el precio de barril por encima de los 150 dólares, para entrar en franja de turbulencia a partir de septiembre. 

El movimiento apunta al desplazamiento hacia la captación monopólica de la renta de la tierra, a través de alianzas estratégicas con las potencias en ascenso mediante la estrategia de los biocombustibles y el reforzamiento de una nueva ola extractiva, basada en la reprimarización de las economías periféricas. El signo en nuestro Continente es el ordenamiento en torno al IIRSA, que se ubica alrededor del eje Manaos-Manta-Manaos-Caracas-Manaos-La Paz. 
El desplazamiento a nuevas zonas de colonización de la periferia: el despegue de la fase de financiarización se asienta en la conquista violenta de las fronteras de acumulación estatal en América Latina, mediante el dispositivo de la “renegociación” de la deuda externa; y luego se refuerza con lo acelerados procesos de privatización de los países exsocialistas, bajo la égida del Consenso de Washington y la doctrina del shock.

 Las guerras de Afganistán y de Irak apuntan a un nuevo control geopolítico en torno al monopolio de los recursos energéticos, pero también a la contención de la expansión del eje Este-Oeste, en particular de China. Agotada, y sobre todo ilegitimada, la fase neoliberal el capital mundial impulsa una estrategia centrada, ya no en la privatización directa de los recursos naturales y de la áreas estratégicas de la economía pública, sino en la privatización de los gobiernos y de su gestión. 
El desplazamiento, en tercer lugar, está regido por la captación de reductos de mano de obra barata que permita acrecentar la plusvalía absoluta para tener espacio para la puesta en juego de la plusvalía relativa. 

Este fue uno de los dispositivos para la expansión del Este asiático, en una estrategia de “vuelo de ganso” encabezado por Japón, que permitió la incorporación escalonada de los países más “atrasados”, es decir con menor consto de la mano de obra. El “milagro” chino cuenta con un dispositivo similar. En cada desplazamiento se produce un caos mayor que afecta no sólo al capitalismo, sino al destino de la humanidad… 

No hay solución capitalista a la actual crisis capitalista. (…) el socialismo es la única alternativa para solucionar el conjunto de los problemas económicos, sociales, políticos, culturales, medioambientales y civilizatorios de la humanidad. Si antes se ganaban las elecciones haciendo flamear las banderas del neoliberalismo, hoy se ganan criticándolas!

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