domingo, 21 de julio de 2013

Desechen toda suciedad, y esa cosa superflua, la maldad (Sant. 1:21).


Los cristianos debemos seguir la guía del espíritu en todo momento, incluso cuando la gente no nos ve.
 En la actualidad, el mundo del entretenimiento ha caído muy bajo y difunde por doquier imágenes repugnantes, lo que constituye una seria amenaza contra nuestra espiritualidad. 

¿Cómo podemos protegernos contra esta trampa de Satanás? Pensemos en el ejemplo de José. A pesar de hallarse lejos de los suyos, se negó a acostarse con la esposa de Potifar, su amo. Y expresó la razón al decir: “¿Cómo podría yo cometer esta gran maldad y realmente pecar contra Dios?” (Gén. 39:7-9). 

Efectivamente, veía a Jehová como alguien real. Si Dios es igual de real para nosotros, nos negaremos a hacer en privado cosas que le desagraden, entre ellas, entretenernos con imágenes sucias.
 Tendremos la misma determinación que el salmista que cantó: “Andaré en la integridad de mi corazón dentro de mi casa.

 No pondré enfrente de mis ojos ninguna cosa que no sirva para nada”


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